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Desvelar el misterio cuerpo-mente y la magia que se descubre al hacerlo

Primacía de la mente sobre la materia

 

La fuerza conjunta del cuerpo, mente y espíritu trata de proveernos de alimentos, de vitalidad y de dicha. El cuerpo utiliza los alimentos, el agua y el aire para renovarse y mantenerse. La mente elige una tarea que la mantenga activa y creativa. El espíritu busca maneras de transmitir sus ondas generadoras de amor, paz y libertad y de compartir la felicidad con el mundo como un medio para ganar en plenitud.

 

Una comida deliciosa, preparada por un padre amoroso o por la pareja, atiende por igual estas tres partes. Disfrutar de una comida puede ser una experiencia espiritual a la vez física y mental. Estar “presente” con los cinco sentidos mientras se come no sólo hace que se desarrollen las potentes hormonas del placer, sino que además se consigue un sentido de unidad entre lo que se come y el proceso de comer. Disfrutar de la compañía de un amigo querido o de un miembro de la familia durante la comida acentúa la dicha y la satisfacción. Del mismo modo, una música bella no sólo suaviza el espíritu, sino que además relaja la mente y satisface el cuerpo.

 

Todo lo que se hace y se experimenta, física, mental y emocionalmente, tiene una profunda repercusión en todo nuestro ser. Cada uno de nuestros pensamientos, sentimiento y emociones produce cambios profundos en el cuerpo, la mente y el espíritu. Pensemos en las palabras de consuelo y cariño que una vez nos llegaron de un amigo querido cuando estábamos desolados y apesadumbrados. ¿Sentimos que su presencia y sus palabras nos animaban y levantaban el ánimo? ¿Notamos cómo nuestro cuerpo, quizás cansado y tenso, de repente empezó a distenderse y a sentirse más relajado y lleno de energía? El aspecto deprimido se transformó en una sonrisa de gratitud y dijimos:”Gracias, ahora me siento mucho mejor”. Por otra parte, ¿recordamos algún momento en nuestra vida en el que recibimos una llamada telefónica descorazonadora, como, por ejemplo, la noticia de un accidente ocurrido a un ser querido? El miedo que nos atenazó en ese momento tuvo un efecto paralizante. Pero segundos después;, un amigo llegó con la buena noticia de que nuestro ser amado había salido ileso, que estaba sano y salvo. Casi inmediatamente, el estado shock cesó y fue reemplazado por un profundo sentimiento de paz, alegría y relajación, lo que nos hizo recuperar nuestra fuerza física. Las buenas noticias inesperadas nos reanimaron y devolvieron la sonrisa. Un solo segundo fue suficiente para desencadenar una intensa transformación que cambió todo nuestro interior. Por un breve momento experimentamos un estado de malestar y desesperanza, al que siguió otro momento de plena salud. Sin apenas darnos cuenta, descubrimos las causas últimas de la enfermedad y del bienestar.

 

Un profesor de medicina alemán, el doctor Rybe Geerd Hamer, logró demostrar que cualquier enfermedad física, como un cáncer, viene desencadenada por los efectos de un conflicto no resulto en la vida.  

 

Tras veinte años de investigación y tratamiento a más de 31.000 pacientes, el doctor Hamer pudo demostrar finalmente, de una manera firme, lógica y empírica, cómo un conflicto o shock biológico puede dar pie a una fase cancerosa o necrótica y cómo, si se resuelve el conflicto, el proceso canceroso  o necrótico se revierte para subsanar el daño y retornar la salud al paciente. Según el doctor Hamer, la enfermedad, o lo que él llama “el significativo programa biológico de la naturaleza”, se divide en cinco procesos biológicos, los cuales pueden identificarse, medirse y observarse. Estos procesos forman parte de un sistema que permite un pronóstico claro (no sólo estadísticamente probable) de la evolución de la enfermedad y su desarrollo.

 

Un conflicto o shock biológico, llamado DHS (Síndrome Dirk Hamer), origina la aparición de un foco de actividad cerebral –llamado HH, o foco de Hamer-, que se compone de un conjunto de anillos concéntricos que pueden verse en una tomografía computarizada (TAC) centrada en un punto preciso del cerebro. La localización de ese foco depende de la naturaleza del shock o del contenido del conflicto. Tan pronto como aparece el HH, el órgano controlado por ese centro cerebral específico cambia su funcionamiento. Este cambio puede manifestarse en forma de un crecimiento, una pérdida de tejido o una disfunción cerebral.

 

La resolución del conflicto eliminaría de modo natural esos anillos concéntricos del cerebro y detendría o invertiría la sintomatología y lo que normalmente llamamos enfermedad. Esto no es difícil de entender. La calma, por ejemplo, las palabras tranquilizadoras y los cuidados de un amigo pueden desencadenar tales respuestas bioquímicas en nuestro cuerpo que cambian la actitud, relajan la expresión física y mejoran el estado de ánimo. Los investigadores dicen que todos nuestros pensamientos, emociones, sentimiento, deseos, intenciones, creencias, realizaciones y reconocimientos se traducen de modo instantáneo en neuropéptidos o neurotransmisores cerebrales. Estas hormonas sirven de mensajeros químicos de información. Los mensajes que transmiten determinan nuestras funciones corporales.

 

Los científicos han localizado ya más de mil neuropéptidos diferentes y se cree que existen muchos más.  Una célula nerviosa o neurona produce y utiliza estos péptidos para transmitir la información a otra neurona. Este tipo de transmisión, que a menudo se denomina “disparo”, ocurre mágicamente en cada uno de los millones de neuronas que tenemos en el cerebro, y exactamente en el mismo momento. Inmediatamente después de finalizada la transmisión, los péptidos son neutralizados por las enzimas, con lo que se borra toda huella física de ese pensamiento o ese sentimiento. Sin embargo, la información está almacenada en el banco de memoria de nuestra consciencia. Si es preciso, uno podrá recuperarla o recordarla.

 

Las células de nuestro cuerpo están equipadas con centros receptores para esos péptidos, lo cual explica por qué cada célula sabe lo que cada una de las otras células hace o piensa. No puede haber secretos entre ellas. Cada instrucción recibida o emitida en un lugar se siente como una instrucción en cualquier otro lugar. Por miedo de esos caminos bioquímicos, el cuerpo puede traducir una intensa sensación de miedo con mensajes químicos que ordenan a nuestras glándulas adrenales desencadenar las hormonas del estrés adrenalina y cortisol. Una vez que estas hormonas han sido liberadas al torrente sanguíneo en suficiente cantidad, el corazón empieza a bombear y los vasos sanguíneos que abastecen de sangre a nuestros músculos comienzan a dilatarse. Esta estrategia corporal de defensa preprogramada permite que uno huya de una situación peligrosa o que la evite, por ejemplo, el ser atropellado por un vehículo. Sin embargo, este efecto, llamado respuesta de lucha o huida, constriñe importantes vasos sanguíneos, como las arterias mayores de los órganos internos, y eleva la presión arterial. Si esas respuestas de estrés se suceden de modo regular, pueden dañar las funciones digestivas y secretoras y afectar de manera considerablemente negativa a todas las funciones corporales.

 

Cada una de las células del cuerpo produce adrenalina, si bien en proporciones más reducidas. Después de la explosión inicial de energía y fortaleza física que provoca una subida de adrenalina, todas las células del cuerpo pueden “agitarse” repentinamente y el cuerpo ponerse a temblar. El individuo se siente como si hubiera perdido toda la energía en ese proceso. Sin  un control consciente, se ha puesto en marcha la “primacía de la mente sobre la materia”.

                                                                                                                                                                Andreas Moritz

Fuente:

- Los secretos eternos de la salud, Medicina de vanguardia para el siglo XXI, Andreas Moritz, ediciones Obelisco, Argentina -España 2012.

http://centromedicopsicologico.es/evento/autoayuda-relacion-cuerpo-mente/

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