deshidrtación

El cuerpo humano, adulto, se compone de un 66% de agua
y un 34% de materia sólida.
Necesitamos agua para nutrirnos, para eliminar los desechos y para llevar a cabo los billones de actividades que tienen lugar en nuestro organismo.
Sin embargo, la mayoría de las sociedades modernas
no insisten en la importancia de beber agua, el principal "Nutriente" entre los nutrientes.
Sectores enteros de la población sustituyen el agua por té, café, alcohol y otras bebidas preparadas. Muchas personas no son conscientes de que la sensación natural de sed que tiene el cuerpo es una señal de que éste necesita agua simple y pura. En vez de ello, optan por otras bebidas creyendo que así satisfarán esa necesidad del cuerpo, pero eso es falso.
Es verdad que bebidas como el té, el café, el vino, la cerveza, los refrescos, las bebidas energéticas y los jugos contienen agua, pero también contienen cafeína, alcohol, azúcar, edulcorantes u otras sustancias químicas que son potentes deshidratadores. Cuántas más bebidas de ésas se consumen, más se deshidrata el cuerpo, pues crean en el organismo unos efectos exactamente opuesto a los del agua. Las bebidas que contienen cafeína, por ejemplo, desencadenan respuestas de estrés con efectos diuréticos que incrementan la micción. Las bebidas azucaradas provocan un aumento considerable del nivel de azúcar en sangre. Cualquier bebida que provoque una respuesta de este tipo fuerza al organismo a eliminar grandes cantidades de agua. El consumo regular de estas bebidas ocasiona una deshidratación crónica, fenómeno que desempeña un papel importante en cualquier crisis de toxicidad.
No existe ninguna razón práctica ni racional para tratar una enfermedad (crisis de toxicidad) con fármacos, ni siquiera con métodos y remedios naturales, si previamente no se ha satisfecho la necesidad de hidratación del organismo. Los medicamentos y otras intervenciones médicas pueden ser peligrosos para el organismo, en gran parte por su efecto deshidrante. Hoy en día, la mayoría de los pacientes sufren la "enfermedad de la sed", un estado de deshidratación progresiva. Algunas partes del cuerpo pueden deshidratarse más que otras. El organismo, incapaz de eliminar toxinas de sus zonas más deshidratadas debido a las insuficientes reservas de agua, se enfrenta a las consecuencias de sus efectos destructivos (toxemia). No reconocer los aspectos más básicos del metabolismo del agua en el cuerpo da lugar en la mayoría de los casos a una dolencia "diagnosticada", cuando en realidad no es más que el ruego desesperado de agua por parte del organismo. Lo que se suele llamar enfermedad es, en gran medida un avanzado estado de deshidratación y la consiguiente incapacidad del cuerpo para eliminar por sí mismo materiales residuales y toxinas.