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El Colibrí, transportador de pensamientos, sueños y esperanzas

El mito maya

Cuando los dioses crearon todas las cosas, notaron que aún faltaba un encargado de llevar sus deseos y pensamientos al mundo; tomaron una flecha muy pequeña, soplaron sobre ella, y entonces voló; luego cobró vida y se convirtió en x ts’unu’um (colibrí). Para los mayas los colibríes llevaban los buenos pensamientos de otros hombres. Así, si alguien te desea un bien, el colibrí tomará ese deseo y lo llevará hacia ti.

 

 

 

El dios de la guerra de los aztecas, Huitzilopochtli, está inmerso en una poderosa significación desde la presencia de los colibríes. La leyenda cuenta que estaba Coatlicue,  diosa de la fertilidad también conocida como “la de la falda de serpientes”, barriendo el templo de Coatepec (montaña de serpiente) cuando encontró unas hermosas plumas de colibrí que resguardó en su seno, y con ello quedó embarazada.

 

Ese bebé en su vientre era Huitzilopochtli, el dios de la guerra, y aunque su otra hija, Coyolxauhqui, planeaba la muerte de su madre por una presunta deshonra al desconocerse el padre, el bebé hablaba a su madre desde su vientre para apaciguarla, advirtiendo que él mismo la defendería.

 

Eventualmente Huitzilopochtli nació y llegó a este mundo equipado con una armadura, un escudo de águila, una sandalia de plumas de colibrí en el pie izquierdo y una xiuhcoatl (serpiente de fuego). Con ella cortó la cabeza de su hermana y venció a sus 400 hermanos. Luego lanzó al aire la cabeza de la Coyolxauhqui, que se convirtió en la luna; en una hermosa metáfora sobre el renacimiento y muerte de la luna cada mes.

El mito azteca

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